sábado, 14 de julio de 2018

INTEGRACIÓN Y ACEPTACIÓN - EMILIO CARRILLO




INTEGRACIÓN Y ACEPTACIÓN



Con la elevación del grado de consciencia y el avance en los estadios de conciencia se produce, finalmente, la integración en la Unidad. Desde luego, siempre permanecimos en ella. La diferencia es que ahora tomamos consciencia de ello. Hay que insistir en que esta consciencia plena siempre está a nuestro alcance. Pero solemos recorrer múltiples grados de consciencia, en un contexto de individualidad y libre albedrío, hasta adquirir consciencia de Unidad.
Imaginemos por un momento que somos una hoja en un gran árbol: vivimos junto a otras hojas en una ramita que pende, junto a otras ramitas, de una rama mayor que está sujeta a su vez, junto con otras ramas, de uno de los troncos en los que se ha abierto el tronco común del árbol. De manera figurada e inevitablemente insuficiente, podemos representar así sucesivos aumentos del grado de consciencia, cada uno de los cuales se plasmará en estadios de conciencia con sus correspondientes experiencias:

a) Soy una hoja y cuanto me rodea existe para hacerme feliz (grado consciencial muy bajo o egóico).

b) Soy una hoja en una ramita con otras hojas: aspiro a mi felicidad y a la de las demás hojas de la ramita (grado consciencial bajo o de sistema «ramita»
familia).

c) Soy una hoja en una ramita con otras hojas que pende, junto con otras ramitas que tienen otras hojas, de una rama mayor: deseo mi felicidad y la de todas las hojas que están en la rama (grado consciencial medio/bajo o de sistema «rama» comunidad próxima).

d) Soy una hoja en una ramita con otras hojas que pende, junto con otras ramitas que tienen otras hojas, de una rama mayor que, junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas, surge de un tronco: quiero ser feliz y que conmigo lo sean todas las hojas, ramitas y ramas que salen
del tronco (grado consciencial medio o de sistema «tronco» sociedad).

e) Soy una hoja en una ramita con otras hojas que pende, junto con otras ramitas que tienen otras hojas, de una rama mayor que, junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas, surge de un tronco que, junto a otros troncos con sus ramas, ramitas y hojas, sale del tronco común: ligo
mi felicidad a la de todas las hojas, ramitas, ramas y troncos que tienen una base compartida (grado consciencial medio/alto o de sistema «global» planeta).

f ) Soy una hoja en una ramita con otras hojas que pende, junto con otras ramitas que tienen otras hojas, de una rama mayor que, junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas, surge de un tronco que, junto a otros tron-cos con sus ramas, ramitas y hojas, sale del tronco común de un árbol en el que como hoja me integro: mi existencia trasciende de mi como hoja y uno mi felicidad al árbol en su conjunto, con todos sus componentes (grado consciencial alto o de consciencia buscador).

g) No soy una hoja, sino el árbol que se manifiesta y experimenta a sí mismo como hoja (grado consciencial muy alto o de consciencia vidente).

h) Soy el árbol y la vida que le da vida y lo unifica: cualquier suceso que en el árbol acontezca, por ejemplo, un pájaro que se posa en cualquier rama u hoja, me ocurre a mí y lo siento en mí porque soy el árbol y la energía que lo vivifica (grado consciencial pleno o de consciencia de espíritu).

En este último escenario, por fin soy el que soy. Sin ruptura o separación alguna. Ello, lejos de desmerecer mi esencia y existencia, las engrandece: no soy una hoja del árbol, sino el árbol mismo, de cuya vida y esencia participo y en la que me integro. No soy un trazo suelto en un cuadro, sino
todo el cuadro en sí; no soy una ola en el mar, sino el mar como tal; no soy una ínfima porción de la Creación, sino la Creación misma.
Es más, cada incremento de mi grado de consciencia contribuye al aumento de la consciencia de la suma de la que formo parte (la ramita, la rama o el tronco) y, a través de ello, de la Unidad (el árbol). Y cuando elevo la consciencia a su grado más alto o de espíritu, mi toma de consciencia explosiona la consciencia de la Unidad, por lo que, siendo Creación, también soy Creador.
Se acabó la visión fragmentada que tanto gusta al ego y es propia de la tridimensionalidad. Tú, yo, el de allí y el de acá somos Uno y somos Dios. Este estado de consciencia genera en nuestro interior un agudo sentimiento de integración y enamoramiento: nos sentimos completamente enamorados
de la Unidad Divina, del Ser Uno. Los primeros Padres de la Iglesia llamaron a esto «endiosamiento», señalado por San Basilio como meta máxima que «conlleva el don de la gracia, alegría interminable, permanencia en Dios». En este grado de consciencia la persona siente su ser repleto de quietud y movimiento, que no son antagónicos, sino complemen-
tarios. Y si seguimos encarnados en el plano humano será para apoyar a los buscadores, poniendo a su servicio lo úni-co que en verdad somos: Amor.
Emilio Carrillo
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