sábado, 26 de septiembre de 2015

"EL AMOR NO DUERME". AUTOLIBERACIÓN INTERIOR. ANTHONY DE MELLO.



El amor no duerme
Donde hay amor no hay deseos. Y por eso no existe ningún miedo. Si amas de verdad a tu amigo, tendrías que poder decirle sinceramente: "Así, sin los cristales de los deseos, te veo como eres, y no como yo desearía que fueses, y así te quiero ya, sin miedo a que te escapes, a que me faltes, a que no me quieras." Porque en realidad, ¿qué deseas? ¿Amar a esa persona tal cual es, o a una imagen que no existe? En cuanto puedas desprenderte de esos deseos-apegos, podrás amar; a lo otro no se lo debe llamar amor, pues es todo lo contrario de lo que el amor significa.
El enamorarse tampoco es amor, sino desear para ti una imagen que te imaginas de una persona. Todo es un sueño, porque esa persona no existe. Por eso, en cuanto conoces la realidad de esa persona, como no coincide con lo que tú te imaginabas, te desenamoras. La esencia de todo enamoramiento son los deseos. Deseos que generan celos y sufrimiento porque, al no estar asentados en la realidad, viven en la inseguridad, en la desconfianza, en el miedo a que todos los sueños se acaben, se vengan abajo.
El enamoramiento proporciona cierta emoción y exaltación que gusta a las personas con una inseguridad afectiva y que alimentan una sociedad y una cultura que hacen de ello un comercio. Cuando estás enamorado no te atreves a decir toda la verdad por miedo a que el otro se desilusione porque, en el fondo, sabes que el enamoramiento sólo se alimenta de ilusiones e imágenes idealizadas.
El enamoramiento supone una manipulación de la verdad y de la otra persona para que sienta y desee lo mismo que tú y así poder poseerla como un objeto, sin miedo a que te falle. El enamoramiento no es más que una enfermedad y una droga del que, por su inseguridad, no está capacitado para amar libre y gozosamente. La gente insegura no desea la felicidad de verdad; porque teme el riesgo de la libertad y, por ello, prefiere la droga de los deseos. 
Con los deseos vienen el miedo, la ansiedad, las tensiones y..., por descontado, la desilusión y el sufrimiento continuos. Vas de la exaltación al desespero.
¿Cuánto dura el placer de creer que has conseguido lo que deseabas? El primer sorbo de placer es un encanto, pero va prendido irremediablemente al miedo a perderlo, y cuando se apoderan de ti las dudas, llega la tristeza. La misma alegría y exaltación de cuando llega el amigo, es proporcional al miedo y al dolor de cuando se marcha... o cuando lo esperas y no viene... ¿Vale la pena? Donde hay miedo no hay amor, y podéis estar bien seguros de ello.

Cuando despertamos de nuestro sueño y vemos la realidad tal cual es, nuestra inseguridad termina y desaparecen los miedos, porque la realidad es y nada la cambia. Entonces puedo decirle al otro: "Como no tengo miedo a perderte, pues no eres un objeto de propiedad de nadie, entonces puedo amarte así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones, sin egoísmos ni querer poseerte." Y esta forma de amar es un gozo sin límites.
¿Qué haces cuando escuchas una sinfonía? Escuchas cada nota, te deleitas en ella y la dejas pasar, sin buscar la permanencia de ninguna de ellas, pues en su discurrir está la armonía, siempre renovada y siempre fresca. Pues, en el amor, es igual. En cuanto te agarras a la permanencia destruyes toda la belleza del amor. No hay pareja ni amistad que esté tan segura como la que se mantiene libre. 
El apego mutuo, el control, las promesas y el deseo, te conducen inexorablemente a los conflictos y al sufrimiento y, de ahí, a corto o largo plazo, a la ruptura. 
Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Sólo es eterno lo que se basa en un amor libre. Los deseos te hacen siempre vulnerable.
AUTOLIBERACIÓN INTERIOR 
ANTHONY DE MELLO


sábado, 19 de septiembre de 2015

"EL PESO DE LAS CREENCIAS". RAMIRO CALLE LOS 120 MEJORES CUENTOS DE LAS TRADICIONES ESPIRITUALES DE ORIENTE



EL PESO DE LAS CREENCIAS

Dos jóvenes monjes fueron enviados a visitar un monasterio cercano. Ambos vivían en su propio monasterio desde niños y nunca habían salido de él. Su mentor espiritual no cesaba de hacerles advertencias sobre los peligros del mundo exterior y lo cautos que debían ser durante el camino.

Especialmente incidía en lo peligrosas que eran las mujeres para unos monjes sin experiencia:
-Si veis una mujer, apartáos rápidamente de ella. Todas son una tentación muy grande. No debéis acercaros a ellas, ni mucho menos hablar, por descontado, por nada del mundo se os ocurra tocarlas. Ambos jóvenes aseguraron obedecer las advertencias recibidas, y con la excitación que supone una experiencia nueva se pusieron en marcha.
Pero a las pocas horas, ya punto de vadear un río, escucharon una voz de mujer que se quejaba lastimosamente detrás de unos arbustos. Uno de ellos hizo ademán de acercarse.
-Ni se te ocurra
-le atajó el otro-.
¿No te acuerdas de lo que nos dijo nuestro mentor?
-Sí, me acuerdo; pero voy a ver si esa persona necesita ayuda
-contestó su compañero, Dicho esto, se dirigió hacia donde provenían los quejidos y vio a una mujer herida y desnuda. -Por favor, socorredme, unos bandidos me han asaltado, robándome incluso las ropas. Yo sola no tengo fuerzas para cruzar el río y llegar hasta donde vive mi falmilia.
El muchacho, ante el estupor de su compañero, cogió a la mujer herida en brazos y, cruzando la corriente, la llevó hasta su casa situada cerca de la orilla. Allí, los familiares atendieron a la asaltada y mostraron el mayor agradecimiento al monje, que poco después reemprendió el camino regresando junto a su compañero.
-¡Dios mío! No sólo has visto a esa mujer desnuda, sino que además la has tomado en brazos.
-Así era recriminado una y otra vez por su acompañante. Pasaron las horas, y el otro no dejaba de recordarle lo sucedido.
-Has cogido a una mujer desnuda en brazos! ¡Has cogido a una mujer desnuda en brazos!
¡Vas a cargar con un gran pecado! El joven monje se paró delante de su compañero y le dijo:
-Yo solté a la mujer al cruzar el río, pero tú todavía la llevas encima.
RAMIRO CALLE
LOS 120 MEJORES CUENTOS DE LAS TRADICIONES ESPIRITUALES DE ORIENTE


sábado, 12 de septiembre de 2015

"CONTRATOS SAGRADOS Y RELACIONES HUMANAS". EL CONTRATO SAGRADO. CAROLINE MYSS,


CONTRATOS SAGRADOS
Y
RELACIONES HUMANAS
Sin duda alguna, Bill y Sharon tenían un contrato conjunto. Los turcos lo llamarían «kismet» —el destino o suerte en la vida— y los judíos, «be'shert», vocablo yiddish que significa «destinado a ser tu amante». Bill y Sharon estaban destinados a estar juntos no sólo en términos románticos, aunque, sin duda, ese aspecto fue importante para su unión. 
Por encima de todo, estaban destinados a trabajar juntos para llevar a cabo tareas y enfrentarse a problemas más trascendentes que su vida en pareja. Gracias al desarrollo de cualidades transpersonales, llegarían a conseguir una especie de transformación espiritual. Esta clase de colaboración puede ser íntima y cariñosa, pero algunas veces también requiere franqueza categórica. John O'Donohue, en su precioso libro Anam Cara (frase en gaélico que significa «compañero del alma»), habla sobre la tradición budista del Kalyana-mitra, o «amigo noble». 
Tu amigo noble, dice O'Donohue: «No aceptará la pretensión, sino que te enfrentará a tu propia ceguera con amabilidad y firmeza. Nadie puede ver la vida en su totalidad. Al igual que existe un punto ciego en la retina del ojo humano, también existe en el alma una parte ciega que no puedes ver. Por lo tanto, dependes de la persona a quien amas para ver lo que no puedes con tus propios ojos.»'"''
Puesto que la vida es complicada y hay mucho que «ver» en ella —relativo a nosotros, al mundo y a lo divino—, tenemos contratos con muchas personas. Mediante la encarnación, cada alma se divide en innumerables fragmentos que inician de forma inmediata la exploración del alma global. Hay veces en que conoces a alguien que irradia algo que te resulta muy atractivo, y tal vez te sientas «vacío» cuando esa persona se va. La conocida expresión «alma gemela», referida al compañero romántico ideal, no refleja esa verdad; en realidad, todos tenemos almas gemelas que desempeñan papeles muy diversos en nuestra vida. 
Tal vez, «amigo noble» sea un término más apropiado. Se trata de la persona a la que no sólo estás destinado a conocer, sino a la que debes conocer. Y no importa cuántas oportunidades pierdas de conocerla, si tienes un contrato con ella, acabarás por encontrarla.
Tal vez se repitan vuestros encuentros hasta que pongáis fin a un asunto inacabado relativo al intercambio de vuestras almas.
Una mujer llamada Jill me contó que había salido con un chico en la universidad del que estaba muy enamorada. Pese a ello, declinó su oferta de matrimonio porque tenía la sensación de no haber vivido la vida como mujer adulta e independiente. Se dio cuenta de que estaba «entre la espada y la pared», según sus propias palabras; quería a su novio pero también estaba profundamente enamorada de su deseo de viajar y de vivir sus veinte años como un espíritu libre. «Hiciera lo que hiciese, sabía que me iba a sentir herida y llena de reproches, así que escogí la opción que me fortalecería más. Sabía que, de haberme casado, al final me habría sentido encerrada. La decisión que tomé me daría la posibilidad de abrirme. Por eso creí que mi única opción era rechazar la petición de matrimonio.»

Aunque Jill jamás olvidó a su antiguo novio, sus recuerdos no le causaron la misma tristeza que habría experimentado si hubiera reprimido su deseo de viajar. Sin embargo, quince años después de su despedida, «el destino, o la fe, o mi contrato nos volvió a reunir —recordaba—. Estaba en casa, sonó el teléfono, y era Andy. Se había encontrado con unos antiguos amigos, les había preguntado por mí, se había enterado de que no me había casado, y... ¡Bingo! Empezamos a salir otra vez. Sin duda, habíamos nacido para estar juntos. Sólo teníamos que hacer un par de cosas en el ínterin».
No puedo probar, en el sentido científico de la palabra, el hecho de que, aunque intentes evitar un encuentro que debes tener «por contrato» con alguien, éste acabará produciéndose. No obstante, todos tenemos confianza en el destino. Existe una curiosa narración oriental titulada Cita en Samarra (en la que John O'Hara basó su famosa novela) que cuenta la historia de un señor que envió a su esclavo a hacer un recado a la ciudad. Allí, el esclavo se encuentra con la figura de la muerte y se asusta tanto que huye corriendo para esconderse en la ciudad vecina, Samarra. Al oír que su esclavo ha desaparecido, el amo va a la ciudad y se enfrenta a la muerte. «¿Por qué has asustado a mi esclavo?», pregunta. «En realidad —responde la muerte—, no intentaba asustarlo, es que me sorprendió verle por aquí, porque tengo una cita con él esta noche, en Samarra.»
Desde un punto de vista simbólico, y desde la óptica tradicional de gran parte del pensamiento de las religiones orientales, nadie entra en tu vida por accidente. Sin embargo, debes recordar que algunas personas serán mucho más importantes que otras. Las relaciones íntimas de tu vida, como las que tienes con tus familiares, amigos, compañeros, amantes, colegas de profesión e, incluso, con tus enemigos, forman parte de unos acuerdos destinados a enseñarte ciertas lecciones. Pero, como tu contrato afecta a la to- talidad de tu vida, las demás relaciones, ya sean breves o casuales, no pueden considerarse insignificantes.
Aún recuerdo un breve intercambio de opiniones con una profesora de lengua del instituto que se dirigió a mí después de clase para aconsejarme sobre mi actitud y mi estilo literarios. En aquella época, estaba enamorada del teatro del absurdo —de autores como Ionesco, Beckett y Pinter—, y mis contribuciones literarias a aquella asignatura eran un reflejo de mi encaprichamiento. Por mi falta de preparación, así como por mi desconocimiento de la lengua clásica, mis escritos eran más que desastrosos. Mi profesora se ofreció amablemente a darme un consejo —le bastó con una frase— que marcaría mi apreciación de la educación durante el resto de mi vida. «¿Sabes, Carol? —dijo—, para escribir bien cualquier texto, incluso en el género del absurdo, hay que dominar las normas de la lengua con maestría para poder romperlas con arte.» Como adolescente, creía que la creatividad era sinónimo de libertad absoluta para hacer lo que se te antojara; pero en aquel momento, mi profesora me enseñó que la verdadera creatividad se construye sobre una sólida base de conocimiento y disciplina. Debía de tener un acuerdo con aquella sabia maestra, porque cambió por completo mi visión de la creación artística y literaria.
En el extremo opuesto encontramos la experiencia de intentar que «se produzca» una relación con otra persona, pero, pese a intentarlo con todas nuestras fuerzas, jamás ocurre. Hay personas que estás destinado a conocer, y hay otras que, sin importar lo que hagas, jamás formarán parte de tu vida. De igual forma, puede que algunas personas se estén desgañitando para que les abras la puerta de tu vida, pero al margen de lo que hagan para complacerte o llamar tu atención, tú no te abres a la posibilidad de conocerlas. Nadie forma parte de la vida de todo el mundo. Una de las pistas que te puedo dar para descubrir si alguien forma parte o no de tu vida es la percepción de lo que llamo el «factor animación». 
Según mi propia definición, la animación es un tipo de electricidad que se genera entre dos personas cuando la energía de la vida se pone en funcionamiento, como ocurre entre los amantes que se adoran mutuamente. (Cuando hable de la función de los chakras en el capítulo 6, aprenderás a reconocer otras pistas basadas en estos sutiles centros de energía interior.)
La ausencia de electricidad entre dos personas resulta tan evidente como su presencia. Sin electricidad no habrá nada que te permita forzar la conexión. Puede que logres establecer un vínculo temporal, pero, a menos que ese flujo entre otra persona y tú sea natural, el vínculo que intentas establecer será inestable y estará marcado por la tensión. Las conexiones animadas también incluyen las relaciones con personas que te producen una sensación de rechazo inmediato o con las que libras una lucha de poder. En estos casos, puedes estar seguro de que esos individuos tienen algo que enseñarte, aunque tal vez sea más desafiador que la experiencia de la atracción recíproca. Carlos Castañeda dijo que las personas de quienes más aprendemos en la vida son los «pequeños tiranos», los que nos «tocan la fibra sensible» y nos hacen ver en ellos las cualidades que más despreciamos en nosotros mismos. Gurdjieff solía representar ese papel con sus discípulos, obligándolos a cavar un enorme agujero durante todo el día para luego ordenarles que lo rellenaran.
En tu Contrato Sagrado, los pequeños tiranos son tan útiles e importantes como tus más queridos amigos nobles. Tienes acuerdos con ambos porque cada uno te puede enseñar algo sobre ti mismo, algo que no puedes aprender de ninguna otra forma.
EL CONTRATO SAGRADO
CAROLINE MYSS



sábado, 5 de septiembre de 2015

SÉPTIMA CREENCIA: "DEBE HACERSE CASO OMISO DE LOS PEQUEÑOS TIRANOS". WAYNE W. DYER TU YO SAGRADO.


SÉPTIMA CREENCIA:
DEBE HACERSE CASO OMISO DE LOS PEQUEÑOS TIRANOS
Le han enseñado a creer que en el mundo hay alguna gente negativa de la que es mejor hacer caso omiso. Yo le sugiero lo contrario.
Cualquiera que entre en su vida, en calidad de lo que sea, es valioso. Los pequeños tiranos de su vida son criaturas tan divinas como quienes le proporcionan aliento y apoyo. Emerson expresó de la siguiente forma esta importante lección: “Todo el curso de las cosas fluye para enseñarnos fe”. Todo el curso. Esto significa todo lo que encuentre en su camino.

Tal vez la persona más significativa de mi vida, la persona que constituyó el más grande de los cambios para mí y mi propio desarrollo espiritual, es una que en todos los sentidos era un pequeño tirano. Ese hombre fue mi padre. Abandonó a su familia, fue condenado a prisión por delitos menores, y maltrató a su esposa.
A la edad de cuarenta y nueve años murió a consecuencia de un consumo excesivo de alcohol. No tengo ningún recuerdo de él. Mi conocimiento de su persona se basa en lo que oí y, más tarde, en lo que descubrí al investigar su vida.

No obstante, este hombre, un pequeño tirano y un convicto, fue el principal personaje que me condujo a mi transformación. Escribí sobre cómo perdoné a mi padre en el libro La fuerza de Creer (Publicado por Grijalbo, N. de T.) Aparté de mí el odio y la amargura que había llevado conmigo durante toda la vida. Un solo ato de perdón y desprendimiento abrió el camino de mi búsqueda espiritual, y de escribir y hablar de los milagros de los que trato aquí, y vivirlos. Aprendí qué tenía que aprender de todo. 

Cuando ahora caigo en ocasiones en alguno de los comportamientos que sé que destruyeron la vida de él, me recuerdo a mí mismo que ése no es mi sendero. Que ése no es el tipo de padre que deseo ser. Que no es el tipo de hombre que deseo ser. Es su ejemplo lo que me ayuda a regresar a la senda que sé que constituye mi destino espiritual. Es vedad que los caminos de Dios son inescrutables. 
Lo que juzgamos como desafortunado y negativo puede enseñarnos las más grandes lecciones. El tirano que hay en su vida y que le despierta sentimientos de miedo y pánico, podría no ser más que Dios disfrazado que le enseña a confiar en su propio juicio y aprender del comportamiento del pequeño déspota. El ladrón que le engaña para robarle el dinero podría suponer una lección divina que le enseña a desprenderse de las cosas y no apegarse a ellas. El traficante de drogas podría estar enseñándole las realidades de la adicción y de la vida sin sentido para que abandone ese confiar en las sustancias externas para tener momentos de euforia o éxtasis.

Todas las personas y quiero decir todas, están en su vida para enseñarle valiosas lecciones. No haga caso omiso de esas lecciones. Capte el mensaje y bendígales, y continúe su camino. Cuando usted hace caso omiso de ellas, o se limita a rechazarlas, usted no consigue entender la verdad que Emerson conocía: “Todo el curso de las cosas fluye para enseñarnos fe”.
Sugerencias para deshacerse del desdén hacia los pequeños tiranos: Dé las gracias por esos pequeños tiranos. Están ahí por una razón muy importante. Hacer caso omiso de ellos le garantiza que aparecerán más bajo otras formas a lo largo de su vida. Las plegarias de agradecimiento son maravillosas afirmaciones de esta verdad.
La experiencia de ser abandonado por el cónyuge puede enseñarle a ser independiente. Este tipo de situaciones pueden hacerle reconocer la presencia espiritual que hay dentro de usted. Tal vez aprenda la diferencia entre estar solo y sentirse solo, y decida amar a la persona con la que está solo. Los años de alcoholismo pueden enseñarnos que somos más valiosos y fuertes que cualquier sustancia.
Podríamos aprender a estarles agradecidos a esos maestros ebrios y considerarlos instructores enviados por Dios. Todos los maltratos pueden contener una poderosa lección. Podemos descubrir que somos más que un cuerpo. Nadie puede llegar hasta nuestro yo interior con sus golpes.
Haga una lista de todas las personas a las que ha apartado de su vida por ser malvadas o por considerarlas escoria. Escriba todo lo que su presencia le enseñó. ¿Ha aprendido a no repetir el comportamiento de la víctima? Reconsidere el valor de esa llamada escoria para su vida. No podría haber aprendido la lección sin esa persona. 

La prueba de esto es que obviamente necesitaba atraer a esa persona a su vida... ya que lo hizo.
Busque la plenitud de Dios en todas las cosas. Advierta que, de alguna forma insondable, la plenitud está operando a pesar de que no puede verla ni sentirla. Recuerde que el otro no es su cuerpo.
WAYNE W. DYER             TU YO SAGRADO