sábado, 12 de septiembre de 2015

"CONTRATOS SAGRADOS Y RELACIONES HUMANAS". EL CONTRATO SAGRADO. CAROLINE MYSS,


CONTRATOS SAGRADOS
Y
RELACIONES HUMANAS
Sin duda alguna, Bill y Sharon tenían un contrato conjunto. Los turcos lo llamarían «kismet» —el destino o suerte en la vida— y los judíos, «be'shert», vocablo yiddish que significa «destinado a ser tu amante». Bill y Sharon estaban destinados a estar juntos no sólo en términos románticos, aunque, sin duda, ese aspecto fue importante para su unión. 
Por encima de todo, estaban destinados a trabajar juntos para llevar a cabo tareas y enfrentarse a problemas más trascendentes que su vida en pareja. Gracias al desarrollo de cualidades transpersonales, llegarían a conseguir una especie de transformación espiritual. Esta clase de colaboración puede ser íntima y cariñosa, pero algunas veces también requiere franqueza categórica. John O'Donohue, en su precioso libro Anam Cara (frase en gaélico que significa «compañero del alma»), habla sobre la tradición budista del Kalyana-mitra, o «amigo noble». 
Tu amigo noble, dice O'Donohue: «No aceptará la pretensión, sino que te enfrentará a tu propia ceguera con amabilidad y firmeza. Nadie puede ver la vida en su totalidad. Al igual que existe un punto ciego en la retina del ojo humano, también existe en el alma una parte ciega que no puedes ver. Por lo tanto, dependes de la persona a quien amas para ver lo que no puedes con tus propios ojos.»'"''
Puesto que la vida es complicada y hay mucho que «ver» en ella —relativo a nosotros, al mundo y a lo divino—, tenemos contratos con muchas personas. Mediante la encarnación, cada alma se divide en innumerables fragmentos que inician de forma inmediata la exploración del alma global. Hay veces en que conoces a alguien que irradia algo que te resulta muy atractivo, y tal vez te sientas «vacío» cuando esa persona se va. La conocida expresión «alma gemela», referida al compañero romántico ideal, no refleja esa verdad; en realidad, todos tenemos almas gemelas que desempeñan papeles muy diversos en nuestra vida. 
Tal vez, «amigo noble» sea un término más apropiado. Se trata de la persona a la que no sólo estás destinado a conocer, sino a la que debes conocer. Y no importa cuántas oportunidades pierdas de conocerla, si tienes un contrato con ella, acabarás por encontrarla.
Tal vez se repitan vuestros encuentros hasta que pongáis fin a un asunto inacabado relativo al intercambio de vuestras almas.
Una mujer llamada Jill me contó que había salido con un chico en la universidad del que estaba muy enamorada. Pese a ello, declinó su oferta de matrimonio porque tenía la sensación de no haber vivido la vida como mujer adulta e independiente. Se dio cuenta de que estaba «entre la espada y la pared», según sus propias palabras; quería a su novio pero también estaba profundamente enamorada de su deseo de viajar y de vivir sus veinte años como un espíritu libre. «Hiciera lo que hiciese, sabía que me iba a sentir herida y llena de reproches, así que escogí la opción que me fortalecería más. Sabía que, de haberme casado, al final me habría sentido encerrada. La decisión que tomé me daría la posibilidad de abrirme. Por eso creí que mi única opción era rechazar la petición de matrimonio.»

Aunque Jill jamás olvidó a su antiguo novio, sus recuerdos no le causaron la misma tristeza que habría experimentado si hubiera reprimido su deseo de viajar. Sin embargo, quince años después de su despedida, «el destino, o la fe, o mi contrato nos volvió a reunir —recordaba—. Estaba en casa, sonó el teléfono, y era Andy. Se había encontrado con unos antiguos amigos, les había preguntado por mí, se había enterado de que no me había casado, y... ¡Bingo! Empezamos a salir otra vez. Sin duda, habíamos nacido para estar juntos. Sólo teníamos que hacer un par de cosas en el ínterin».
No puedo probar, en el sentido científico de la palabra, el hecho de que, aunque intentes evitar un encuentro que debes tener «por contrato» con alguien, éste acabará produciéndose. No obstante, todos tenemos confianza en el destino. Existe una curiosa narración oriental titulada Cita en Samarra (en la que John O'Hara basó su famosa novela) que cuenta la historia de un señor que envió a su esclavo a hacer un recado a la ciudad. Allí, el esclavo se encuentra con la figura de la muerte y se asusta tanto que huye corriendo para esconderse en la ciudad vecina, Samarra. Al oír que su esclavo ha desaparecido, el amo va a la ciudad y se enfrenta a la muerte. «¿Por qué has asustado a mi esclavo?», pregunta. «En realidad —responde la muerte—, no intentaba asustarlo, es que me sorprendió verle por aquí, porque tengo una cita con él esta noche, en Samarra.»
Desde un punto de vista simbólico, y desde la óptica tradicional de gran parte del pensamiento de las religiones orientales, nadie entra en tu vida por accidente. Sin embargo, debes recordar que algunas personas serán mucho más importantes que otras. Las relaciones íntimas de tu vida, como las que tienes con tus familiares, amigos, compañeros, amantes, colegas de profesión e, incluso, con tus enemigos, forman parte de unos acuerdos destinados a enseñarte ciertas lecciones. Pero, como tu contrato afecta a la to- talidad de tu vida, las demás relaciones, ya sean breves o casuales, no pueden considerarse insignificantes.
Aún recuerdo un breve intercambio de opiniones con una profesora de lengua del instituto que se dirigió a mí después de clase para aconsejarme sobre mi actitud y mi estilo literarios. En aquella época, estaba enamorada del teatro del absurdo —de autores como Ionesco, Beckett y Pinter—, y mis contribuciones literarias a aquella asignatura eran un reflejo de mi encaprichamiento. Por mi falta de preparación, así como por mi desconocimiento de la lengua clásica, mis escritos eran más que desastrosos. Mi profesora se ofreció amablemente a darme un consejo —le bastó con una frase— que marcaría mi apreciación de la educación durante el resto de mi vida. «¿Sabes, Carol? —dijo—, para escribir bien cualquier texto, incluso en el género del absurdo, hay que dominar las normas de la lengua con maestría para poder romperlas con arte.» Como adolescente, creía que la creatividad era sinónimo de libertad absoluta para hacer lo que se te antojara; pero en aquel momento, mi profesora me enseñó que la verdadera creatividad se construye sobre una sólida base de conocimiento y disciplina. Debía de tener un acuerdo con aquella sabia maestra, porque cambió por completo mi visión de la creación artística y literaria.
En el extremo opuesto encontramos la experiencia de intentar que «se produzca» una relación con otra persona, pero, pese a intentarlo con todas nuestras fuerzas, jamás ocurre. Hay personas que estás destinado a conocer, y hay otras que, sin importar lo que hagas, jamás formarán parte de tu vida. De igual forma, puede que algunas personas se estén desgañitando para que les abras la puerta de tu vida, pero al margen de lo que hagan para complacerte o llamar tu atención, tú no te abres a la posibilidad de conocerlas. Nadie forma parte de la vida de todo el mundo. Una de las pistas que te puedo dar para descubrir si alguien forma parte o no de tu vida es la percepción de lo que llamo el «factor animación». 
Según mi propia definición, la animación es un tipo de electricidad que se genera entre dos personas cuando la energía de la vida se pone en funcionamiento, como ocurre entre los amantes que se adoran mutuamente. (Cuando hable de la función de los chakras en el capítulo 6, aprenderás a reconocer otras pistas basadas en estos sutiles centros de energía interior.)
La ausencia de electricidad entre dos personas resulta tan evidente como su presencia. Sin electricidad no habrá nada que te permita forzar la conexión. Puede que logres establecer un vínculo temporal, pero, a menos que ese flujo entre otra persona y tú sea natural, el vínculo que intentas establecer será inestable y estará marcado por la tensión. Las conexiones animadas también incluyen las relaciones con personas que te producen una sensación de rechazo inmediato o con las que libras una lucha de poder. En estos casos, puedes estar seguro de que esos individuos tienen algo que enseñarte, aunque tal vez sea más desafiador que la experiencia de la atracción recíproca. Carlos Castañeda dijo que las personas de quienes más aprendemos en la vida son los «pequeños tiranos», los que nos «tocan la fibra sensible» y nos hacen ver en ellos las cualidades que más despreciamos en nosotros mismos. Gurdjieff solía representar ese papel con sus discípulos, obligándolos a cavar un enorme agujero durante todo el día para luego ordenarles que lo rellenaran.
En tu Contrato Sagrado, los pequeños tiranos son tan útiles e importantes como tus más queridos amigos nobles. Tienes acuerdos con ambos porque cada uno te puede enseñar algo sobre ti mismo, algo que no puedes aprender de ninguna otra forma.
EL CONTRATO SAGRADO
CAROLINE MYSS



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