sábado, 6 de junio de 2015

Expansión consciencial: la hoja y el árbol .... Amor, Vida y Consciencia Emilio Carrillo ....


Expansión consciencial: la hoja y el árbol
Enlazando con todo lo enunciado, la expansión consciencial no es otra cosa que el proceso de cambio paulatino en el estado de consciencia de cada persona y, consiguientemente, de su frecuencia vibracional, a lo largo tanto de una misma vida física como de la cadena de reencarnaciones. ¿Es posible esbozar de algún modo, con carácter general, las fases o pasos que sigue ese proceso?. La verdad es que no, pues la casuística es muy amplia y diversa, y los contenidos y características del proceso y de los posibles cambios conscienciales, trascienden el marco mental e intelectual. No obstante, a modo de rudimentario acercamiento, se puede utilizar como símil el caso o ejemplo de la hoja y el árbol.
Imaginemos por un momento, que somos una hoja en un gran árbol: vivimos junto a otras hojas en una ramita que pende, junto a otras ramitas, de una rama mayor que está sujeta a su vez, junto con otras ramas, de uno de los troncos en los que se ha abierto el tronco común del árbol. De manera figurada e inevitablemente insuficiente, podemos representar metafóricamente así sucesivos aumentos del grado de consciencia, cada uno de los cuales se plasmará en estados de consciencia con los que viviremos sus correspondientes experiencias:
a) Soy una hoja; y cuanto me rodea, existe para hacerme feliz (grado consciencial muy bajo o egóico).
b) Soy una hoja en una ramita con otras hojas: aspiro a mi felicidad y a la de las demás hojas de la ramita (grado consciencial bajo o de sistema “ramita” -familia-).
c) Soy una hoja en una ramita con otras hojas, que pende -junto con otras ramitas que tienen otras hojas- de una rama mayor: deseo mi felicidad y la de todas las hojas que están en la rama (grado consciencial medio/bajo o de sistema “rama” -comunidad próxima-).
d) Soy una hoja en una ramita con otras hojas, que pende -junto con otras ramitas que tienen otras hojas- de una rama mayor que -junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas- surge de un tronco: quiero ser feliz y que conmigo lo sean todas las hojas, ramitas y ramas que salen del tronco (grado consciencial medio o de sistema “tronco” –sociedad-).
e) Soy una hoja en una ramita con otras hojas, que pende -junto con otras ramitas que tienen otras hojas- de una rama mayor que -junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas- surge de un tronco que -junto a otros troncos con sus ramas, ramitas y hojas- sale del tronco común: ligo mi felicidad a la de todas las hojas, ramitas, ramas y troncos que tienen una base compartida (grado consciencial medio/alto o de sistema “global” -planeta-).
f) Soy una hoja en una ramita con otras hojas, que pende -junto con otras ramitas que tienen otras hojas- de una rama mayor que -junto con otras ramas con sus respectivas ramitas y hojas- surge de un tronco que -junto a otros troncos con sus ramas, ramitas y hojas- sale del tronco común de un árbol en el que, como hoja, me integro: mi existencia trasciende de mí como hoja, y uno mi felicidad a la del árbol en su conjunto, con todos sus componentes (grado consciencial alto).
g) No soy una hoja, sino el árbol que se manifiesta y experimenta a sí mismo como hoja (grado consciencial muy alto).
h) Soy el árbol y la vida que le da vida y lo unifica: cualquier suceso que en el árbol acontezca, por ejemplo: un pájaro que se pose en cualquier rama u hoja, me ocurre a mí y lo siento en mí porque soy el árbol y la savia (“energía”, Amor y Vida) que lo vivifica (grado consciencial pleno).
En este último escenario, el proceso de expansión consciencial lleva a sentir experienciar el Yo Soy el que Soy, sin ruptura o separación alguna. Lo que, en lugar de desmerecer mi esencia y existencia, las engrandece: no soy una hoja del árbol, sino el árbol mismo, de cuya vida y esencia participo y en la que me integro. No soy un trazo suelto en un cuadro, sino todo el cuadro en sí; no soy una ola en el mar, sino el mar como tal; no soy una ínfima porción de la Creación, sino la Creación misma.

Es más, cada incremento de mi grado de consciencia contribuye al aumento de la consciencia de la suma de la que formo parte (la ramita, la rama o el tronco) y, a través de ello, de la Unidad (el árbol). Y cuando elevo la consciencia a su grado más alto, mi toma de consciencia explosiona la consciencia de la Unidad, por lo que, siendo Creación, también soy Creador. Se acabó, así, la visión fragmentada que tanto gusta al ego y es propia de la tridimensionalidad. Tú, yo, el de allí y el de acá somos Uno y somos Dios.
Este estado de consciencia y la frecuencia que lleva asociado generan en nuestro interior un agudo sentimiento de integración y enamoramiento: nos sentimos completamente enamorados de la Unidad Divina, del Ser Uno. Los primeros Padres de la Iglesia llamaron a esto <<Endiosamiento>>, señalado por San Basilio como meta máxima que “conlleva el don de la gracia, alegría interminable, permanencia en Dios”. Lo que fue retomado y enaltecido siglos más tardes por San Juan de la Cruz con su célebre “…Amada (alma) en Amado (Dios) transformada”. Y es que como escribió, a petición de Ana de Peñalosa en 1584, en el contexto de las Declaraciones a su Llama de
Amor Viva: “El más perfecto grado de perfección al que en esta vida se puede llegar, es al de la transformación en Dios”. Profundizaremos en todo ello como el asunto merece dentro de los apartados que este texto dedica a la Física de la Deidad.
Amor, Vida y Consciencia
Emilio Carrillo


No hay comentarios:

Publicar un comentario