sábado, 6 de diciembre de 2014

6ª Revelación. Clarificar el pasado. James Redfiel.





6ª REVELACIÓN:

Clarificar el pasado

La farsa de control es una representación con la que estamos familiarizados igual que con muchas secuencias de las películas, para la cual escribimos el guión siendo
niños. Después hemos repetido la escena un número incontable de veces en nuestra vida cotidiana, ya sin percatarnos. Todo lo que sabemos es que el mismo tipo de acontecimiento nos ocurren repetidamente. El problema es que si estamos repitiendo sin cesar una determinada escena, entonces las determinadas escenas de la película de nuestra vida real, la gran aventura marcada por las coincidencias, no pueden desarrollarse. Paramos la película cuando repetimos nuestra farsa única para maniobrar en busca de energía.

El primer paso para tener las cosas claras es, en el caso de cada uno de nosotros,
trasladar nuestra particular farsa de control a plena conciencia. Nada adelantamos hasta que nos miramos realmente a nosotros mismos y descubrimos qué hemos estado haciendo para maniobrar en busca de energía.

>>Cada uno de nosotros debe retroceder a su pasado, volver a los inicios de nuestra vida familiar y ver cómo se formó el hábito que hemos adquirido. Viendo su comienzo nos será más fácil ver de qué manera tratamos de ejercer el control. La mayoría de los miembros de nuestra familia representaban una farsa de control destinada a extraer energía de nosotros, los niños. Debido a ello tuvimos, ante todo, que montar también nuestra farsa de control. Necesitábamos una estrategia para recuperar energía. El desarrollo de nuestras farsas particulares guarda relación con nuestra familia. Sin embargo, una vez hayamos identificado la dinámica de la energía en la familia, podremos rebasar aquellas estrategias de control y ver lo que realmente estaba pasando.
Toda persona debe reinterpretar su experiencia familiar desde un punto de vista
evolutivo, un punto de vista espiritual, y descubrir quién es realmente. Una vez hecho esto, nuestra farsa de control desaparece y nuestra vida, la auténtica, cambia de rumbo.

Esta revelación nos muestra una clasificación de las farsas de control, a las que
acudimos con el fin de ganar energía, definiéndonos por una que practicamos con mayor frecuencia. Todo el mundo manipula a los demás para obtener energía, bien sea agresivamente, forzando a los demás a que les presten atención, bien pasivamente, actuando sobre la simpatía o la curiosidad de la gente para atraer aquella atención. Por ejemplo, si alguien nos amenaza, verbal o físicamente, nos vemos obligados, por miedo a que nos ocurra algo malo, a prestarle atención y, en consecuencia, a cederle energía.
La persona que nos amenaza nos estará arrastrando al género de farsa más agresivo, lo que la Sexta Revelación llama el intimidador.
>>Si, por otra parte, alguien nos cuenta las cosas horribles que le ocurren, dando a entender quizá que somos nosotros los responsables y que si nos negamos a ayudarle continuarán ocurriéndole esas cosas horribles, entonces esa persona pretende controlarnos al nivel más pasivo, lo que se conoce como la farsa de un pobre de mí, tratando de hacernos sentir culpables en su presencia aunque sepamos que no hay motivo para sentirse así o no les hayamos hecho nosotros esos males, tan sólo que no hacemos lo suficiente por ayudarles.

>>El interrogador corresponde a otro género de farsa. Es una persona que usa este procedimiento concreto de obtener energía: construir una farsa en la que hace preguntas y sondea el mundo de otra persona con la intención específica de encontrar algo censurable. Cuando lo ha encontrado, critica este aspecto de la vida del otro. Si la estrategia funciona, la persona criticada es incorporada a la farsa. Luego, de súbito, dicha persona se siente cohibida, tímida; se mueve en torno al interrogador y presta atención a cuanto éste hace y piensa, con objeto de no hacer ella algo malo que el interrogador pueda notar. Esta deferencia psíquica proporciona al interrogador la energía que desea.
>>La última farsa consiste en crear una representación durante la cual el sujeto se aparta y parece misterioso, lleno de secretos. Se dice a sí mismo que obra de este modo por cautela, pero lo que realmente hace es confiar en que alguien será atraído por esta farsa e intentará deducir qué es lo que pasa con él. Cuando alguien lo intenta, él sigue siendo impreciso, indefinido, forzando a la otra persona a insistir, a indagar, a escudriñar para discernir cuáles son sus verdaderos sentimientos. Mientras el otro actúa así, le dedica a él toda su atención y esto proyecta su energía hacia el sujeto en cuestión. Cuanto mayor tiempo lo mantiene interesado y desconcertado, mayor es la energía que recibe el otro.

Así pues, se establece una relación entre las farsas, de modo que contemplando la
que interpretaban más comúnmente en nuestro entorno familiar a nuestro respecto, crearon de forma inconsciente la nuestra. El interrogador crea al reservado y viceversa, y el intimidador crea o bien otro intimidador, que compite con él, o bien un pobre de mí.
Existe la tendencia de ver las farsas en los demás y creer que uno está libre de
semejantes artificios. Debemos superar esta ilusión para seguir adelante. Casi todos tendemos a aficionarnos, por lo menos durante un tiempo, a una farsa determinada, y es preciso detenernos y estudiarnos a nosotros mismos hasta descubrir cuál es.
Hecho esto, podemos encontrar en nuestras vidas un significado superior, una razón espiritual por la cual nacimos cada uno en una familia concreta y no en otra.
Podemos empezar a tener claro quiénes somos realmente.

Para esclarecer nuestro destino, para qué hemos venido al mundo y en el momento y lugar que lo hemos hecho, debemos retornar nuevamente a la familia, centrándonos en el padre y la madre (o en quien adoptó el papel). Debemos observar las aspiraciones y visión del mundo de cada uno, cómo enfocaban la vida, cómo había que vivir, cómo según cada uno había que vivir la vida y trataba de transmitírnoslo tratando de sobreponer su visión a la del otro cónyuge. Viendo esto, podemos esclarecer una fusión de ambas visiones en nosotros, a menos que nos hayamos decantado por la influencia de una concreta. Podemos asumir y aceptar la del padre, o la de la madre, o la de ambos, lo que ocurre con mayor frecuencia.


Esclareciendo esto podemos entender nuestra forma de ver la vida y de cómo vivirla, así optaremos más adecuadamente por los caminos que se nos presenten, una vez comprendamos quiénes somos, y así descubrir para qué estamos aquí.
Nosotros tomamos el nivel de evolución de nuestros padres y lo elevamos más aún, es así como continúa la evolución tras al hombre.
James Redfiel 
(Las nueve revelaciones)










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