domingo, 7 de septiembre de 2014

Louise Hay Amar sin condiciones

12 . La curación de la familia.
Afirmación: «Todos formamos parte de la familia del amor».

Yo pienso que así como los hijos escogen a sus padres, los padres también escogen a sus hijos. Los hijos son grandes maestros y grandes portadores de dones. Vida tras vida volvemos para aumentar nuestra educación y nuestro crecimiento espiritual. Interaccionamos con las mismas almas una y otra vez. En cada vida desarrollamos un nuevo aspecto de nuestro crecimiento. Cuando en una vida queda algo inconcluso, habrá un intento para completarlo en otra.
De modo que hay interesantes preguntas que formular: ¿Cuáles fueron las opciones que hicimos antes de esta encarnación actual? ¿Por qué esa persona escoge a esos padres? ¿Por qué esos padres, en el plano cósmico, optan por la experiencia de tener ese hijo? ¿Cuál es la lección que todos ellos han venido a aprender?
¿Cómo manejamos la culpa de rechazar a un hijo porque «no es como nosotros» o tiene una enfermedad que nos asusta? ¿Por qué cerramos nuestro corazón? ¿Qué daño conlleva esta actitud para los rechazados y para los que rechazan? ¿Cuáles serán sus pautas y lecciones en sus siguientes vidas?
Es fácil rechazar aquello que tememos. Con frecuencia huimos de lo que tenemos que aprender, aun cuando en lo más profundo de nuestro interior sabemos que volveremos a encontrarlo nuevamente. Nublamos nuestra conciencia con preguntas como: «¿Qué pensarán los demás?»,
«¿Me rechazarán si proclamo mi amor por un hijo que es diferente?», «¿Pongo mis valores en las apariencias externas en lugar de hacerlo en los seres que amo?», «¿Dónde están mis prioridades, y con respecto a quién?».

No hay respuestas correctas ni equivocadas a estas preguntas. La senda es individual. Algunos hemos venido a experimentar rechazo, o dolor, o soledad, o enfermedad. Todas son oportunidades para amar y para avanzar espiritualmente. No creo que necesitemos quedarnos estancados en ninguna de nuestras elecciones negativas. Somos capaces de seguir el mensaje de nuestro corazón y de trascender cualquier experiencia negativa que tengamos.
La comprensión de nuestra elección.
Yo creo que nosotros escogemos a nuestro padres. Cada uno de nosotros decide encarnarse en este planeta en un momento particular del tiempo y en un lugar preciso del espacio. Hemos elegido venir aquí a aprender una lección especial que nos hará avanzar en nuestra senda evolutiva espiritual. Escogemos nuestro sexo, el color de nuestra piel, nuestro país, y luego miramos a nuestro alrededor en busca de los padres que reflejen la pauta en la que queremos trabajar en esta vida. Los escogimos porque eran perfectos para nosotros. Ellos son la pareja perfecta de «expertos» en lo que hemos elegido aprender. Las lecciones que hemos venido a aprender calzan perfectamente con las «debilidades» de nuestros padres. Sí, escogiste los padres correctos; si no, no estarías aquí ahora.
Si realmente hubieras cometido un error en la elección de padres, habrías dejado el planeta muy pronto. Pienso que esa es la causa de que nazcan niños muertos o de que mueran cuando son bebés. Esas son maneras fáciles de dejar el planeta. O bien la entidad vino demasiado pronto para la lección que tenias que aprender o se equivocó en la elección de sus padres.
Adquirimos nuestro sistema de creencias cuando somos muy pequeño y luego nos movemos por la vida creando experiencias que encajen con nuestra creencias. Mira hacia atrás en tu vida y verás cuán a menudo has pasado por las mismas experiencias. Ahora bien, yo creo que te has creado esas experiencias una y otra vez porque reflejan alguna creencia que tienes de ti. En realidad no importa durante cuánto tiempo hayamos tenido algún problema, ni lo grande que sea, ni cómo nos ha tratado la vida. Has de saber que cualquier situación negativa que haya existido en el pasado puede cambiarse ahora.
Antes de venir a este planeta, escogemos la lección en la que vamos a trabajar. De todos modos, sea cual fuere nuestra forma de enfocarlo, el tema es siempre el amor: cuánto podemos amarnos a nosotros mismos, a pesar de todo lo que hayamos hecho en nuestra vida. Y antes de venir, creo que lo primero que hacemos después de elegir nuestra lección, es escoger nuestra sexualidad. ¿Qué sexualidad vamos a tener esta vez? ¿Elijo ser mujer porque eso me proporcionará determinadas experiencias, o escojo ser hombre porque son experiencias de otro tipo lo que necesito esta vez?
¿Elijo ser heterosexual por la clase de experiencias que me ofrece, o escojo ser homosexual porque necesito experiencias totalmente diferentes? Y luego, creo que escogemos el color de nuestra piel. ¿De qué raza voy a ser esta vez? Porque según el color que elijamos tener nos encontraremos con diferentes experiencias. Y luego decidimos en qué lugar del planeta vamos a nacer. También tendremos experiencias diferentes según el lugar que escojamos. Si nacemos en África, esto significa un conjunto de circunstancias enteramente distintas de las que nos encontraremos si nacemos en Australia, Alaska, Liverpool o Los Ángeles. Todas son circunstancias diferentes con distintos problemas que enfrentar.
Y una vez que tenemos todo esto, miramos a nuestro alrededor con mucha atención en busca de la perfecta pareja de padres que reflejen lo que venimos a aprender. Sé que muchos de nosotros, cuando crecemos, miramos a nuestros padres y decimos: «Bueno, vosotros me hicisteis así.
La culpa es vuestra». Pero yo creo que los escogimos porque eran perfectos para lo que queríamos aprender en esta vida. Y ellos nos eligieron a nosotros por la misma razón.

¿Cuán dispuestos estamos a amar? ¿Cuán dispuestos estamos a ser fieles a nuestra naturaleza? ¿Y a amarnos y apreciarnos a nosotros mismos? Todas las cosas que experimentamos son medios para nuestro crecimiento espiritual. El prejuicio es tan ridículo... Nuestras experiencias no son ni buenas ni malas, son las experiencias que nuestra alma escogió.
Y nos enfadamos cuando alguien nos dice que elegimos a nuestros padres. «¿Quién, yo? Yo no los habría escogido por padres.» Lo sé porque he pasado por lo mismo. Pero creo que si uno se hubiera equivocado con sus padres, habría abandonado esta vida muy pronto. Desde luego, antes de cumplir un año, y tal vez a las pocas horas de nacer.
Si uno ha llegado hasta este momento, hoy, aquí, es que los padres que tiene son perfectos para lo que ha venido a hacer en esta vida. Y sea lo que sea aquello en lo que hemos de trabajar, lo haremos con ellos.
Louise Hay
Amar sin condiciones









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